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JOSE ARPA Y PEREA (Carmona, España 1858 - Sevilla, España 1952)

Español de muchos mundos y parajes. En su obra pueden rastrearse infinidad de influjos y escuelas; parece incluso, en una primera visión, que hubiera varios pintores Arpa: el realista, el historicista, el que practica la pintura “plain air”, el ilustrador, el cronista gráfico, el impresionista... También los temas son muy variados, aunque pronto el paisaje habría de asumir su papel preeminente, inspirador de su mejor pintura. Paisaje como visión introspectiva, como pregunta que realiza la mirada pero que va dirigida, más allá de la mera percepción sensorial, a quien lo contempla tratando de aprehender su íntima esencia.

Así, el pintor viajero que fue Arpa nunca deja de perseguir nuevos celajes, nuevas tierras, nuevos horizontes para alimentar su búsqueda introspectiva, guiado por un impulso de desarraigo y aventura. ¿Viajero por topofilia? ¿Por Topofobia? Más bien creemos que por amor a espacios y experiencias desconocidas, porque en la obra del pintor alienta una curiosidad insaciable, y la curiosidad es síntoma de amor al mundo y a la vida. (Fuente: "José Arpa Perea", por Juan Fernández Lacomba)

 

José Arpa en México (1896-1910)

La situación en México parecía, a sus cuarenta años de edad, más halagüeña y llena de futuro que en Sevilla. Desde su llegada toma contacto con los españoles allí fincados y cultiva su influyente círculo, vinculándose a las familias Quijano y Rivero, de origen asturiano, que estaban temporalmente asentadas en Sevilla. Serán estos los anfitriones casi permanentes y los que acogen al pintor en una relación casi familiar. (Fuente: "José Arpa Perea", por Juan Fernández Lacomba)

A la llegada del pintor a la capital mexicana, el ambiente artístico era muy receptivo a todo lo que fuese europeo, y estaba limitado prácticamente a la oficialidad que encabezaba la escuela nacional de Bellas Artes de San Carlos. La institución, heredera de la presencia académica virreinal, aún continuaba funcionando también como museo y reunía ramas pertenecientes a secciones de pintura, escultura, grabado y arquitectura. Poseía un extenso número de profesores, prácticamente los más importantes de la pintura mexicana del momento, en los que se valoraba fundamentalmente su formación europea.

La Academia estuvo con frecuencia dirigida por extranjeros, normalmente españoles, que también ejercían de profesores, junto con italianos, específicamente contratados para distintas asignaturas. Tal fue el caso precedente del nazareno catalán Clavé o del paisajista Landesio, creador de una importante escuela en relación con el paisajismo realista que posteriormente desarrollaría el gran paisajista mexicano José María Velasco, representante nacional como imagen oficial en exposiciones internacionales. (Fuente: "José Arpa Perea", por Juan Fernández Lacomba)

En la capital mexicana, en las primeras realizaciones, José Arpa se ve atraído principalmente por escenas de la ciudad, donde quedan reflejados elementos de su urbanismo, calles con efecto de luces y movimiento de figuras, así como aspectos de la vida popular. (Fuente: "José Arpa Perea", por Juan Fernández Lacomba)

Por otra parte, los viajes a Europa de los artistas son cada vez más frecuentes, lo cual incrementa la receptividad hacia los rasgos impresionistas. Prueba de ello serán las escuelas al aire libre, incluso a instancia de profesores de la misma academia, como Alfredo Ramos Martínez, que tras su vuelta de Paris en 1910, funda, con el sintomático nombre de Barbizon, una escuela de “plain air” en la próxima localidad de Santa Anita de Zacatlamanco, en el año de 1913.

En este contexto, en 1899, Arpa se encuentra pintando en Jalapa, en el Estado de Veracruz, donde realiza paisajes y estudios del natural. En Jalapa realiza por estas fechas la obra titulada “El entierro en Jalapa” o “El Entierrito”, y también “Artista de Jacal”, piezas con las que muy tempranamente entra de lleno en la temática mexicana, en línea con la pintura nacionalista de un Parra o Jara, y dentro de la pintura de género de composición con figuras como es posteriormente “El Rosario de Amozoc”.

Tras la estancia documentada de Jalapa, lugar al que el autor volvería siempre atraido por su paisaje, Arpa decide vivir en Puebla, donde la presencia de la familia Quijano ejercía una cierta influencia y mantenía una importante posición económica. También reside temporalmente en Oaxaca donde la familia poseía propiedades agrícolas y ganaderas, y frecuenta las localidades de Orizaba, Coatepec y Jalapa, en el Estado de Veracruz, unidas por el ferrocarril Transoceánico en la costa del Caribe y donde había tenido lugar la última guerra colonial: la Guerra de Cuba. (Fuente: "José Arpa Perea", por Juan Fernández Lacomba)

Los nuevos paisajes mexicanos tratados por Arpa estarán a veces connotados por la presencia cultural de monumentos, por el carácter local, o bien por la presencia etnográfica de figuras. O estarán llevados por una fascinación exótica, por la curiosidad y la atracción hacia selvas y malezas, la densidad cromática de la botánica del trópico o también por los roquedales resecos de zonas desérticas; lugares que Arpa frecuentará utilizando el Transoceánico, que resultó un factor decisivo, junto con la incuestionable afición a la caza y también a la pesca, a la hora de considerar los lugares en que Arpa pintó.

Muchas de las veces serán paisajes en sí mismos que recogen situaciones y estados de la naturaleza, atmósferas, horas de luces, así como efectos pictóricos de gran calidad y maestría como son las obras de “Coatepec”. (Fuente: "José Arpa Perea", por Juan Fernández Lacomba)

En el nuevo marco Arpa es un cualificado pintor europeo, introductor de nuevas corrientes, experto maestro de cómo mirar la diversidad del paisaje y cómo representarlo, abierto a la incorporación de soluciones pictóricas que aportaban las nuevas propuestas que llegaban de la vieja y lejanísima europa. (Fuente: "José Arpa Perea", por Juan Fernández Lacomba)